RUIDO

Hay un monstruo afuera. No para de respirar. Una y otra vez. Con cada paso una micro explosión, un tímido choque que avanza y retrocede. Sus movimientos se entorpecen a ratos. Parece que viaja dormido. No deja de murmurar. Siempre lo mismo. En su frenesí, se detiene a toser y a aclarar su rasposa y desgastada garganta. Su corazón viaja como nave, como si se moviera junto al viento a velocidades exorbitantes. Sólo en el silencio y paciencia de la noche se distingue su sangre flotando entre las calles. No me da miedo, pero no me deja dormir.

RUIDO